Valorando a su familia

Capítulo IV En el viaje por el crucero a los ganadores de la compañía para la cual trabajaba Carmita, y como despedida, tras largos recorridos en museos y diversas ciudades europeas; les habían preparado los ejecutivos de la misma y con el fin de emocionar aún más a sus vendedoras estrella; un show para las que iban sin pareja; con bailarines italianos y griegos. Sobra decir que una vez terminado el espectáculo los camarotes de las vendedoras estrella estaban ocupados; por lo que Carmita, desechando a los tres bailarines que se le ofrecieron; se resignó a salir a tomar aire a la cubierta del barco, con una copa en la mano y cosa extraña, un cigarrillo en la otra; respiraba profundo y pensando en su familia y su Benito… “Hay Benito si vieras cuanto te quiero y amo, y sin merecértelo, pero aún te respeto y te sigo dando tu lugar”.
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El Capitán del Crucero había visto la hermosa figura de Carmita, con su perfil que destilaba elegancia, clase y una sencillez que atraía más que todas las estrellas que surcaban el firmamento. Carmita al verle de reojo, se limpió discretamente las lágrimas que rodaban por sus mejillas….
-Debe de quererlo mucho, le dijo el Capitán en perfecto español.
-Y no sabe cuanto señor, no sabe usted cuanto…
-Tome mi pañuelo limpie sus lágrimas.

 

Carmita notó que el pañuelo era bordado y de color rosa; lo que le llamo la atención. — – – Era de mi esposa, lo guardo como el más preciado de mis tesoros, de hecho es la primera vez que lo usa otra dama, pero creo que usted hace una gran diferencia con todas las mujeres que haya yo visto en este barco, ya que ninguna dama se resiste a los bailarines.
-¿De dónde es usted capitán?
-Frances de nacimiento, hijo de madre española y padre Griego. Nací en Marignane, una hermosa ciudad cercana a Marsella donde pase mi niñez y tras la muerte de mi padre, nos fuimos a vivir a Sevilla, después me enrole en la armada española y ya ve el destino me ha puesto en este gran barco. Venga juguemos un poco de petonch y tomemos un poco de pastis, una bebida de mi tierra.

 

Tras demostrar ser una gran jugadora con la pequeña pelota de metal y atinarle a las monedas, bebieron un poco; así lentamente, el capitán la fue llevando a su camarote y ella suavemente se dejó vencer y al despertar, el olor de un café expreso, medio vaso de agua mineral y un bocadillo dulce, le revelaban que había experimentado una de las noches mas intensas de su vida.
-“¡Yo amo a mi marido!” Exclamaba Carmita ruborizada por su acción…
-“Y yo amo a mi difunta esposa”, contestaba el Capitán con voz suave y comprensiva.
-Anda, mujer que sólo has vivido un poco más, eso es todo… Ahora eres una mujer más fuerte y seguro tomaras la mejor decisión cuando regreses a México…

 

Las manos del experimentado marinero, surcaban nuevamente la piel canela de Carmita y la invitaban a experimentar y sentir sus más profundas sensaciones, sin culpas, ni remordimientos entregándose al máximo con una sensualidad nunca experimentada, al tanto que las primeras luces de alba iluminaban tímidas al inmenso crucero.

 

-Descansa hermosa Princesa Azteca, descansa y disfruta, mandaré te traigan un buen desayuno. Yo te veré cuando lleguemos a Patras, que será el lugar donde nos despediremos.
-Pe.. pero ¿qué pensarás? Yo soy una Sra.…
-Carmita o debo decirte Canelita como te decía tu padre ya que hablabas de esto mientras dormías, -le dijo el capitán besando con suavidad y ternura sus dulces y tersas manos-. Sólo pienso que eres una gran mujer, enamorada de su familia y su esposo que ahora luchará con más tranquilidad para recuperarlos; sobre todo pienso que eres muy inteligente y sabrás guardar este momento como algo mágico y único. Nosotros los marineros por siglos hemos sabido que la unión entre las diferencias es lo que da la verdadera felicidad y el justo equilibrio.

 

“Mira, un gran barco como este gigantesco crucero, es sólido y fuerte; pero su real existencia la debe a un elemento al tacto más débil, sin embargo el agua es el elemento que mantiene esa fuerza sorbe la superficie, por lo tanto el estado líquido del H2O, es más poderoso que todo el hierro que puedan contener todas las grandes barcazas del mundo; sin el elemento de flexibilidad y firmeza de los mares, simplemente no habría, deja tu barcos, no existiría la vida, en el planeta. Por eso mi querida, la mujer es como el agua y nosotros los hombres en realidad, somos esa rigidez que sin ustedes simplemente no puede ni tendría razón alguna de existir….¿Ahora comprendes? Descansa, te espera un viaje largo y feliz a tu país”.

 

Ruborizada por las amables y gentiles palabras del capitán y además por haber hablado dormida y repetir su sobrenombre de Canela; Carmita se abrazaba al oficial, entregándose nuevamente en los últimos escarceos de la mañana.

 

Al regresar a México, Carmita experimentaba una sensación de haber vivido una experiencia extraordinaria que la había dado autoconfianza y valor; pero al mismo tiempo le había corroborado su compromiso con su familia y con Benito, su marido. No había avisado el día ni la hora de su vuelo, pues el día en que regresaba se jugaba el clásico Guadalajara América y sabía que toda la familia iría al Estadio a las butacas que habían comprado tiempo atrás.

 

El vuelo llegó a tiempo y el partido sería a las 16 hrs. por lo que tenía tiempo para cambiarse e ir a buscar a su familia. Decidida y con ánimo Carmita se había vestido para la ocasión. Al llegar a las butacas, sus hijos no podían creer lo que veían y ella tampoco daba crédito a lo que observaba.

 

¡Benito con la camisa del Guadalajara y ella con la del América! María de los Ángeles y Carlitos, lloraban emocionados; abrazados a sus padres, agradecidos de que por fin habían podido encontrar en sus diferencias sus reales coincidencias y en sus similitudes sus espacios para entenderse mejor.
Así esa inolvidable Navidad de 1972, quedaría en la memoria de María de los Ángeles, quien 36 años después, y siendo una exitosa y connotada psicóloga, sigue buscando el difícil camino para que las parejas encuentren en las diferencias sus puntos de unión y en las similitudes sus espacios. Así y con lágrimas en sus ojos; depositaba las últimas flores sobre el féretro de su madre Doña Carmita, la Canela de su padre a quien enterraban junto a su compañero de vida Don Benito, fallecido algunos años atrás, al tiempo que colocaba una curiosa camisa deportiva confeccionada por ella misma; siendo la mitad del Guadalajara y la otra del América una lluviosa tarde de este otoño del 2008.

Fin…

*Autor: JORGE RAFAEL MARTINEZ AZUELA

 

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fue-nia.png La familia de Carmita era de los Altos de Jalisco y su abuelo había sido activo revolucionario y después, más Cristero que los mismos curas, lo que le valió que la Revolución le hiciera Justicia quitándole cuanto terreno tenía y ya grande optó por emigrar al centro del país, donde le ofrecieron algunas hectáreas por el rumbo de “Las Pirámides” y donde no tuviera tantos problemas, con los que el llamaba herejes de la iglesia, por un amigo muy cercano a la familia que era a su vez primo del Párroco de San Juan Teotihuacan ante quien movió sus influencias, para rescatar al pariente al que llamaba un gran y heroico soldado de Cristo Rey y de quien dijo, sería un digno ejemplo en el pueblo.

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