La confrontación

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Capítulo III   Llegó el día en que se unirían en matrimonio. Ariadna estaba más feliz que nunca, pasó el trámite legal y esa noche la pasaron increíble, una velada romántica con champagne, rosas y una deliciosa cena en el penthouse de un lujoso hotel de la ciudad de México.
Conforme pasaron los días, las cosas fueron cambiando poco a poco, llegó el momento en que Ariadna ya casi no veía a Mario, él había conseguido un nuevo trabajo en un Club deportivo por lo que las horas que pasaban juntos se redujeron bastante. Ella comenzó a notar algunas extrañas actitudes que antes no había notado en él, su trato comenzó a ser más distante y las discusiones eran más frecuentes, principalmente cuando Ariadna reclamaba un poco más de atención de parte de Mario o cuando Mario se quejaba por no ganar lo suficiente, afortunadamente ella siempre lograba tranquilizarlo diciéndole que el dinero no era problema, pues gracias a su trabajo los dos podían vivir cómodamente.

Los problemas comenzaron a surgir más frecuentemente y a presentarse por cosas cada vez más triviales. Lo que para Ariadna había sido un cuento de hadas en un principio se estaba convirtiendo en la peor experiencia de su vida pues no entendía lo que pasaba y seguía amando a Mario con toda su alma.

Un día decidió darse un poco de tiempo para salir con sus amigas una tarde a tomar un café, tenía más de tres meses que no las veía, desde aquel día en que firmaron como testigos el acta de matrimonio a pesar de no estar de acuerdo con aquella unión. Se quedaron de ver en un café cerca del departamento de Mario y Ariadna y estuvieron ahí por largo rato, platicando de cómo se habían alejado tanto y lo que había ocurrido con sus vidas en las últimas semanas, Ariadna se liberó un poco contándoles lo que ocurría en su vida de casada. Al fin, decidieron que irían de compras para animarse un poco y pidieron la cuenta; Ariadna pagó con su tarjeta, esperaban al mesero, quien al volver les notificó que la tarjeta no tenía fondos y necesitaban pagar de otra manera, nadie le dio importancia al incidente y se fueron a un centro comercial. Después de elegir algunas prendas las amigas se dirigieron a la caja, la tarjeta de Ariadna no pasó una vez más. Era sábado por la tarde, estaba un poco desconcertada, sin embargo pensó que aquello debía ser alguna anomalía del banco. Después de su ajetreado día en compañía de sus mejores amigas llegó a su departamento en la calle de Tamaulipas. Cuando entró no podía creer lo que sus ojos veían: el departamento estaba totalmente vacío. La sala, el refrigerador y hasta los tapetes habían desaparecido y Mario tampoco estaba. Lo único que encontró fue una nota en la puerta de su recámara:

Ariadna, te amé demasiado pero no puedo seguir con esto, espero que lo entiendas, debo seguir con mi vida, me voy lejos y tal vez nunca volvamos a vernos, disculpa lo del dinero y las cosas del departamento pero sé que tú no lo necesitas tanto como yo.

Ella rompió en llanto, no se podría decir si por la tristeza que le causaba el haberse enamorado de una persona así o de la impotencia que sentía por haber sido víctima de tal engaño. Pasó el resto del fin de semana lamentándose y pensando en todo lo que había ocurrido, en como todo había sido tan rápido, en como ahora le parecía todo tan claro, todas aquellas señales que estuvieron ahí desde un principio y que de haberles hecho caso otra cosa hubiera sido. El lunes por la mañana lo primero que hizo fue acudir al banco para notificar lo que ya temía, sus tarjetas de crédito estaban saturadas y sus cuentas de ahorros vacías.

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