Hacer algo por ellos

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Cap. II Nuestras ideas estaban tan impactadas por la noticia que no supimos por donde comenzar el debate sobre nuestros padres y nos culpábamos por no haber percibido sus problemas, quizá debimos poner de nuestra parte… pero ya no importaba, estaban decididos y lo único que podíamos hacer era aceptarlo. Tenían razón, ya estábamos lo suficientemente maduros para entender…

Ya más tranquilos pudimos desviar la conversación hacia el matrimonio de mi hermano. Se percató del injusto comportamiento que tuvo hacia su esposa y se reprochó por ello. Mi experiencia en matrimonios era nula, sin embargo logré convencerlo de volver inmediatamente a casa y arreglar las cosas con su mujer. Ella sin duda estaría en la mejor disposición para escucharlo.

 

Yo permanecí un rato más disfrutando del buen café que preparaban en aquel lugar. Absortó en mis pensamientos no reparé en las personas que me rodeaban. De pronto me pareció ridículo, casi grotesco, encontrarme sin compañía en una cafetería que estaba repleta de parejas de todas las edades y regiones. Me pareció una burla y no puede más que reír para mis adentros.

 

Comencé a analizar a aquellas personas que sin pena se demostraban su afecto con risas, caricias, besos, miradas de complicidad… ¡Cuan complejo me pareció el amor en ese momento! ¿Por qué la gente se enamoraba?

 

De pronto, un sinfín de recuerdos abarcaron por completo mi atención y creí encontrar la clave para la reconciliación de mis padres. Incluso quizá, la clave para cualquier pareja.

 

Volví a casa y, convencido de hacer algo contra lnciado divorcio, tome todos los álbumes familiares de que disponía y me encerré en el estudio para analizar las fotos. No había duda, tras 5 años de feliz noviazgo era evidente que mis papás se casaron muy enamorados y así vivieron muchos años más. Entonces, ¿qué les había pasado? Me pareció obvio, la rutina los había aturdido y la desidia los había separado.

 

Eran las tres de la mañana y mamá aún no regresaba a casa. Comenzaba a preocuparme pues ella nunca se comportó así. En realidad lo que me molestaba era imaginarla divirtiéndose en medio de la recién ruptura familiar. ¿Acaso no veía su divorcio como el fracaso de su matrimonio?

 

Entre tantas emociones encontradas me sorprendió la fatiga y no tarde en conciliar un sueño profundo.

 

Me despertó el movimiento de la cama, cuando alguien se sienta en la orilla para espiar tus sueños. Era mamá que volvía de su reunión y al encontrar encendida la luz de mi habitación, creyó que seguía despierto.

 

Recorrió el cuarto con la mirada observando los álbumes que había estado hojeando y no pudo evitar sonreír.

 

Pregunté cómo le fue aún con la voz adormilada y los ojos entrecerrados. Suspiró y dijo que tenía mucho que no pasaba tanto tiempo con sus amigas, que las extrañaba. Se recostó junto a mí, abrazándome. Me sentí un niño nuevamente y pronto quedamos dormidos.

 

Me despertó el dulce aroma proveniente de la cocina. Mamá preparaba un rico desayuno. Estaba muy sonriente pero parecía haber llorado.

 

Preparé todo para desayunar disponiendo por costumbre tres lugares en la mesa. Me pareció absurdo y sonreí disculpándome. Entonces sonó el teléfono y mamá corrió con ansia a él.

 

– ¿Sí?… Ah hola… Bien gracias, estamos por desayunar… Si volví tarde de la fiesta… La pasamos muy bien, aunque no había con quien bailar… Jajaja, si, recuerdo cuando me enseñaste, la pasábamos bien… Sí, me gustaría… Ok. Nos vemos pronto…

 

Francamente imaginé lo peor. ¿Primero se iba de fiesta y ahora coqueteaba por teléfono? Para mí era obvio que estaba ocultando algo. ¿Tenía una nueva pareja? ¿Le había sido infiel a mi papá?

 

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