Encanto y Desencanto

Capítulo I     Luis la miró, era apenas un niño, la revolución hormonal propia de los años de secundaria revoloteaba en su interior, en el extremo del salón de clases en la tercera fila, estaba ella. Una niña de mirada dulce y rizos cafés, no podía evitar estremecerse cada vez que escuchaba su voz, además ella vivía a sólo tres calles de su casa. Fue entonces, en aquella vorágine de sueños e ilusiones que Luis y Rocío comenzaron a experimentar aquel singular sentimiento; ese que te hace brillar los ojos. Una sensación que te embriaga y no te deja pensar, ni ver, ni oír claramente. Envueltos por aquella nube vaporosa de emociones, el amor infantil trascendió en el tiempo, maduró. Aquel primer amor tuvo la fuerza suficiente para superar todo tipo de crisis, las cuales después entenderían, eran insignificantes comparado con lo que les esperaba.
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Durante ocho largos años permanecieron en unión, con alegrías y sinsabores, pero convencidos de que estaban con la persona correcta, después de tantos años, tantas experiencias vividas a la par, creían que se conocían completamente, que no debían buscar más y decidieron formalizar la relación; se casaron.

 

Al principio todo era perfecto, seguían como en un ensueño, a ambos les emocionaba la idea de formar una familia, compartir un hogar. En su interior, cada uno por su parte comenzó a tejer sueños para el futuro, la ilusión de aquellos niños de secundaria se transformaba poco a poco en deseo y después en ilusión otra vez para el futuro; envejecer juntos, formar una familia, ver crecer a hijos, nietos. Vivir uno con el otro, como hasta ahora; compartiendo todo lo que ambos eran.

 

Llevaban año y medio de casados, a lo largo de ese tiempo aquella nube vaporosa parecía haberse ido desvaneciendo poco a poco. Rocío empezó a tener una sensación muy parecida al engaño, no podía evitar sentirse un poco resentida cuando comenzó a darse cuenta de que a pesar de todo Luis no era tal cual ella lo había concebido hasta ese momento, surgieron defectos en él. Aunado a esa insatisfacción y al inicio de pequeñas riñas, se enfrentaron a un problema que llegó a derrumbar los pilares ya un poco carcomidos de la relación.

 

La noticia de que Rocío no podía tener hijos parecía resonar dentro del modesto departamento de la pareja, era como si el eco se esparciera en ondas sin fin día y noche, mutilando una parte de Luis y comprimiendo otra de Rocío. Todos aquellos sueños de formar una familia desaparecieron repentinamente, los sentimientos de amor y deseo cambiaron por vacío. Luis recibió una oferta de trabajo; era una buena oportunidad de mejorar su situación económica sin embargo debían mudarse de ciudad. Él pensó que tal vez un cambio de ambiente reforzaría la relación.

 

Se instalaron en la nueva ciudad, Rocío estaba más sola que nunca, la depresión que le causaba el no tener la vida que tanto había idealizado al lado de Luis la alejaba cada vez más de él, el distanciamiento los convirtió en extraños, que los cuerpos de dos personas estén en una misma cama no significa que realmente estén ahí. A ello se aunaba la culpabilidad que ella sentía por no poder tener hijos. Una duda surgió en su interior. ¿Sería realmente Luis el hombre con el que quería estar?

 

Las dudas comenzaron a convertirse en una especie de tormento, explotaban en la cabeza de Rocío sin cesar. Recapituló un poco su vida, y no le gustó lo que encontró. Sentía una inconformidad de vivir de esa manera. La intranquilidad de pensar cómo sería el estar con otro hombre se apoderaba de ella día tras día. Empezó a imaginar su vida junto a otra persona, a idealizar al tipo de hombre con el que según ella podría ser feliz. Esto le produjo un nuevo sentimiento; le dio coraje el pensar que había pasado los mejores años de su vida en una rutina monótona, con el mismo hombre. Rocío pasaba todo el día en casa, sumida en una profunda depresión.

 

A Luis de preocupaba la indiferencia y la irritabilidad que ahora caracterizaban a la que solía ser su dulce esposa, la comunicación estaba completamente rota, por lo que sólo la duda de lo que ocurría quedaba en el aire. Lo único que se le ocurrió a él fue incitar a Rocío a buscar alguna actividad que la mantuviera ocupada. Después de pensarlo un poco, ella encontró un grupo de pintura, en sus años adolecentes solía gustar de los pinceles y el óleo, acaso la misma necesidad de recuperar un poco de tiempo fue lo que la impulsó a unirse al curso. La clase de alguna manera la tranquilizaba, encontró una fuga en los suaves colores de Monet, se imaginaba en uno de esos paisajes impresionistas.

 

Todas las asistentes del grupo eran mujeres, entre 25 y 40 años, aunque al principio le costó un poco de trabajo integrarse al grupo de amigas, con el tiempo la convivencia mejoró, aún así Rocío se sentía ausente, fue como ponerse una máscara, no tenía la confianza de hablar sobre sus sentimientos con ellas, sus pláticas eran más bien banales. Aún con sus nuevas compañeras el vacío seguía ahí. Rocío no sabía que las cosas cambiarían. La oportunidad llegó.

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Capítulo IV

 

 

cap-ivUna mezcla extraña siempre brota de las entrañas de quien ha sido infiel, mientras que unos descuidan a su pareja, otros dejan que la reivindicación invada sus actos y Luis no era la excepción. Quedando un sólo día para que su esposa regresara, consideró que una sorpresa bien podría arrebatarle a su conciencia aquellos sentimientos de culpabilidad, mismos que hasta entonces habían logrado arrancarlo de la cama, para someterlo a una larga ducha con agua caliente, que duraría entre las cuatro y las cinco de la madrugada, tiempo necesario para maquiavelar su viaje Express hacia Rocío, en el cual tenía pensado colmarla de regalos como felicitación por su obra.

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Capítulo III

 

en-un-bar- ¡Qué hermosa vista la de esta mañana!

 

Rocío inmediatamente se volvió hacia la voz y no pudo evitar sonrojarse al percibir el rostro del apuesto hombre tan cerca al suyo, volteó a ver el enorme ventanal frente a ellos y agregó:

 

- Así es, que hermosa vista de la playa ¿no?

- Yo me refería a la hermosa dama que tengo enfrente, quien sin duda, supera por mucho la belleza del paisaje.

 

 

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