El engaño de mi esposa quebrantó nuestro matrimonio… ¡Pero también lo salvó!

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Mi esposa repitió la frase que no podía entender: “Me voy de la casa”.Busqué en sus ojos el fuego familiar. Cuando no lo vi, me pregunté: “¿Quién es esta mujer?” Mi esposa por dos años se había convertido en una extraña. “¿Qué estás diciendo? ¿Por qué te quieres ir?” le pregunté. 

“Estoy infeliz… solitaria… miserable realmente. Listo, lo dije. Me haces miserable. Tal vez algo de espacio entre nosotros, nos unirá.”

 

Toqué su brazo, pero ella se alejó y yo dije: “Esto no tiene sentido. ¿Cómo puede la distancia unirnos más?”

 

“No lo sé, pero sí sé que no puedo estar más aquí. Necesito tiempo para arreglar las cosas, algo de espacio. Ni siquiera estoy segura de amarte… incluso de haberte amado alguna vez.”

 

Me paralicé pero pude suplicar: “Por favor no te marches. ¿No puedes esperar a mañana?”

 

Ella levantó su maleta, se puso la cartera al hombro y con un gesto dramático sacudió la cabellera y salió por la puerta principal.

 

Una aventura amorosa escondida

 

Sabía que no había sido el mejor marido, que me enojaba mucho con ella y que mi necesidad de “estar en lo cierto” muchas veces significaba que ella estaba incorrecta.

 

Sabía que últimamente ella había estado distanciada. Pero no conocía que ella tenía una aventura amorosa.

 

Durante ese mes que Nancy no estuvo, yo era un desastre. Cada vez que la llamaba, lloraba y le preguntaba cómo podía hacer que volviera a casa, pero ella casi no decía nada. Luego abruptamente indicaba que debía irse y colgaba.

 

Le pedí a amigos “espiarla” y ellos indicaron que ella parecía estar bien…feliz. Me dijeron que enfrentara la situación y siguiera con mi vida.

 

Cuando Nancy me dijo que estaba haciendo el trámite del divorcio, pensé que nuestro matrimonio había terminado.

 

Entonces una noche, luego de un milagroso cambio en su corazón, Nancy regresó a casa y dijo: “Te he estado mintiendo durante meses, pero te voy a contar la verdad ahora. Pregúntame lo que quieras.”

 

“¿Hay alguien más? ¿Estás teniendo una aventura?”

 

Ella me quitó su mirada y susurró: “Sí, con un hombre del trabajo. Pero eso termina hoy. Voy a renunciar a mi empleo y no lo volveré a ver. Espero que puedas aceptarme de vuelta y podamos seguir casados.”

 

Reconstruyendo la relación

 

La decisión de perdonarla vino fácilmente, pero restablecer el matrimonio tomó mucho tiempo. Un día estaría bien y otro perdería toda la esperanza. Luego ella se frustraría y se confundía. Podía pasar una semana de cariño y amor y nuevamente caeríamos en nuestros viejos patrones, y debíamos recordar la meta.

 

Cuando volvimos a estar juntos, era un buen día si lográbamos comportarnos. Si recordábamos decir “por favor” y “gracias”, sin pelear o gritar.

 

Lo primero fue buscar consejo de un especialista. Pasamos varios meses con un consejero matrimonial y leíamos material de ayuda. Debía averiguar qué hace un esposo, cuál es su rol y cómo se ve. A su vez, ella debía encontrar qué era el deber de una esposa.

 

Otro ingrediente importante para la reconstrucción de la relación fue paciencia en nuestro proceso de cambio.

 

Cuando nos equivocábamos, tratábamos de no molestarnos mucho porque ambos sabíamos que estábamos intentándolo. Pero por medio del auto-control y aplicando las enseñanzas a la vida, empezamos a cambiar y actuar como uno solo. Pero tomó su tiempo y compromiso.

 

Muchos de los hábitos que establecimos fueron difíciles de romper. Antes esperábamos que la otra persona cometiera un error, para señalarlo. Entonces al empezar este nuevo ciclo, yo trataba de complacerla y ella a mí.

 

Una misión personal

 

No le pedí detalles a Nancy de su aventura amorosa. No quería obsesionarme con lo que hizo y dónde. Cuando los pensamientos de ella con él me cruzaban la mente, no permitía que se quedaran. En su lugar, decidí pensar en el futuro que estábamos construyendo.

 

Fue mi misión personal entender a mi esposa. Aprendí que mi esposa es más sensible que un compañero. Puedo burlarme de él y me responderá con un insulto divertido. Pero cuando lo hago con mi mujer, eso la quebranta emocional y espiritualmente. Le duele y la aleja de mí.

 

Aprendí que si ella me dice: “Estás manejando muy rápido y me asusta”, debo dejar de hacerlo. Si la amo, ¿por qué la quiero asustar?

 

Entre más entiendo a mi esposa y respeto nuestras diferencias, discutimos menos. Conforme extinguíamos esas batallas, creció la intimidad y nuestro amor.

 

Pronto, Nancy entendió cuánto significó mi perdón y me agradeció muchas veces por aceptarla. Ella me trató con un respeto renovado y la empecé a apreciar.

 

25 años después

 

Nunca me he arrepentido de perdonar a Nancy. Han sido más de 25 años desde aquel suceso, y nunca hemos dejado de aprender de ello.

 

Su engaño fue un síntoma de un matrimonio enfermo. No digo que su comportamiento es una excusa, pero tampoco fui un esposo atento, amoroso ni motivador. Ella me decía repetidamente que estaba triste, sola y desanimada, y egoístamente traté de hacerle pensar que eso no importaba. No le daba suficientes elogios, y no fui el más colaborador en casa. Nuestra relación era un desorden y mucho fue culpa mía.

 

Ahora nuestra teoría es: siempre revisar la relación. No hay que dejar caer la guardia, ni tomar al otro a la ligera. Cuidado de no enredarse en las emociones porque estas pueden engañarnos.

 

Nos sorprende lo lejos que hemos llegado, ahora nos reímos mucho y disfrutamos estar juntos. Nuestro hijo de 22 años nos ve agarrados de las manos y ve que somos ejemplos vivientes dl verdadero amor.

 

Teníamos un hogar destrozado, pero con compromiso y mucho esfuerzo, ya está completamente renovado y más fuerte que nunca. El engaño de mi esposa quebrantó nuestro matrimonio… pero también lo salvó.

 

Fuente: Club 700 hoy 

 

 

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