Donde no está el amor

No tenemos duda alguna de que el amor exista; tan es así que lo buscamos con vehemencia. En algunas ocasiones menos se le encuentra con gran facilidad, y en otras tantas, esta búsqueda se prolonga hasta llegar a perecer una actividad absurda. Pero aún en estos casos seguimos buscándolo sin dejar de creer en él. Muy difícilmente podríamos dejar de creer en él, pues es un sentimiento que nos embarga y que no depende de nuestra voluntad.  
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Debido a que el amor no es un objeto como cualquier otro (no ocupa espacio y tampoco tiene cualidades sensibles que permitan ir hacia él y tocarlo), su búsqueda se hace particularmente difícil. Pero en igual proporción esta búsqueda por el amor se presenta de manera tan natural, que del amor podríamos decir que “es una parte de nosotros que propiamente no está en nosotros” y que nos es tan propia que podemos identificarla sin fallar.

Cuando lo encontramos, lo sabemos porque hemos sido correspondidos; ahí la búsqueda termina y casi de manera inmediata se convierte en una relación activa. Por eso una condición del amor es que sea correspondido, pues de lo contrario no sería amor y sería cualquier otra cosa.

De tal forma que del amor sabemos que no es una cosa, que no depende de nuestra voluntad (pues a veces uno se enamora de quien no quisiera), que tiene por condición ser correspondido y que dicha correspondencia ofrece acciones.

Podemos decir que el amor es un tipo de movimiento, pero ¿Qué problema tiene que sea un movimiento? El problema radica en que de un movimiento en caso de detenerse, difícilmente podemos seguir afirmando su existencia.

Antes de haberlo encontrado, todo el tiempo lo buscábamos en una actividad incesante, pero al encontrarlo la actividad no sólo se convierte en una relación, sino que parece detenerse; y si se detiene es como si dejara de existir. Ya habíamos reconocido que era una parte de nosotros, ahora hay que reconocer que nadie está dispuesto a perder una parte de sí mismo, de ahí que sea de suma importancia verificar constantemente su presencia. Para lo cual podemos recurrir a diversos métodos; algunos mucho más aceptables que otros, métodos que son tan diversos desde el regalar pequeños detalles esperando algún gesto de agrado, hasta el terminar con la relación misma para luego intentar recuperarla. La finalidad es siempre la misma, verificar que el amor siga estando presente.

Hay que tener en cuenta que si tendemos a dudar de su presencia es porque ciertamente puede haber desaparecido; lo cual no debiera extrañarnos de algo que no depende únicamente de nuestra voluntad.

La búsqueda del amor en alguien más puede ser un método para verificar la presencia del amor en la pareja. Pero que como todo proceso de verificación, también puede ofrecer un resultado negativo, caso en el cual la relación se mostraría como carente de sentido por no ofrecer aquello que la justifica.

De ahí que podamos decir que la búsqueda del amor en otro lugar es un pretexto para incursionar en un proceso que permita verificar y reafirmar que el amor en una relación sigue siendo vigente.

“Busco allá para darme cuenta que el amor, efectivamente, lo tengo aquí”.

 

 

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