De viaje sin pareja

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Capítulo III Al paso de los años Benito Fonafonte había sido nombrado subdirector de proyectos para el desarrollo de su banco rural, lo que lo mantenía muy ocupado y viajando constantemente a lo ancho y largo del país, sus dos hijos, buenos chicos que dentro de la medianía tenían algunos talentos como guitarra, piano y un poco de deporte. Carmita cada vez tenía más tiempo para ella y una amiga la había invitado a una reunión de cosméticos que tenía un novedoso método de ventas poco explorado en el México de aquella época que era el de venta por reuniones de señoras desde las más refinadas, hasta las mas dejaditas en su economía. Así la Canelita emprendía su propio negocio, no sin recibir recriminaciones de su marido, a quien no le parecía que su esposa trabajara pues no había necesidad para ello, pero los 70´s y la resaca del movimiento hippie más la creciente emancipación de la mujer también tenían su impacto en el medio mexicano.

En un viaje a Veracruz, Benito tuvo tiempo para ir al Estadio Luis Pirata Fuentes para ver a sus canarios jugar contra los Tiburones Rojos. Solo y tranquilo como era él, acompañado de una fría cerveza de barril, atrajo la atención de una joven morena, de finas y delicadas facciones, pero mejores y bien torneadas curvas. María de la Luz; coqueta jarochita que llegaba a su vida; lo que al tiempo se convertiría en huracán de pasiones tropicales. Los viajes a Veracruz, cada vez eran más y más frecuentes, lo que empezaba a llamar la atención no de Carmita que estaba totalmente concentrada en la educación de sus vástagos y su trabajo de venta de cosméticos, si no de la hija mayor María de los Ángeles, quien presentía algo en el comportamiento de su progenitor.

 

Sin embargo, Benito, como la mayoría de los hombres de clase media y educados en esa época y cultura, tenía como tradición el tener alguna querida, misma que no representara mayores problemas, y así sin involucrar sus sentimientos, podían probarse y más en el caso de Benito que habiéndose casado ya mayorcito, aplicar aquella celebre frase de que: Toro viejo pasta sobre yerba tierna, lo que no le disgustaba en lo absoluto.

 

Mientras tanto, Carmita que nunca había salido del país, salía premiada con un viaje a Europa por haber acumulado un número importante de ventas y nuevas agentes de ventas en su red. El premio era para dos personas y esa noche llegaba a su casa con pastelillos, un pavo relleno, buen vino y exquisitas viandas para toda la familia a fin de celebrar el dichoso acontecimiento. También llegaba Benito eufórico y con unos tequilitas de más a compartir otra gran noticia, muy ajena a los sentimientos de su consorte.

 

“¡Vamos a sentarnos que ya esta lista la cena!” Exclamaba de contento Carmita, sin poder ocultar su júbilo. Los chicos estaban anonadados pues no estaban acostumbrados a semejantes muestras de euforia.

 

-Familia, les quiero compartir que.- En ese momento sonaba el teléfono; nadie contestaba del otro lado de la línea y el burócrata se ponía un tanto nervioso, pues en su última visita al puerto jarocho en una noche de arpa, tequila y danzón, le había dado a su querida su teléfono de casa; incumpliendo uno de los 10 mandamientos que su padre le había enseñado. ¡Nunca domicilies una querida! Al contestar el auricular, empezó a decir ¿Quién?, ¿Quien?, lo que la jarochita del otro lado del aparato, supo interpretar y respetuosa nunca volvió a marcar.

-Bueno Benito como tú te paraste, yo comento mi buena nueva, exclamaba Carmita.
¡Me gane un vieja a Europa! Y su padre y yo nos vamos dos semanas, ahora a inicios de diciembre…

 

Los chicos en la mesa gritaban y abrazaban a su madre de la felicidad, lo que contrastaba con la actitud poco eufórica de Benito.

-Madre ¿Cuando es ese viaje?

-Las dos primeras semanas de diciembre

-Ummm ya se amoló

-¿Por qué, qué se amoló?

-Mi buena noticia era decirles que iré con el Director General del Banco, junto con los demás subdirectores a conocer al Sr. Presidente a un evento en Palacio Nacional y es la primera semana de diciembre, además tengo gira de trabajo por el sureste la segunda semana y no podría pedir permiso, menos ahora.

-¿Irás a Veracruz verdad Papá?, le preguntaba María de los Ángeles, con la mirada de una chica de 12 años, inteligente e intuitiva.

-Si mi angelita- contestaba nervioso Benito.

Carmita quien no se había dado cuenta de nada, comprendía la indirecta de la niña, lo que la engallaba, pero mesurada al tiempo, le hacia reafirmar su postura.

-Pues yo tomaré ese viaje, trabajo me ha costado y si tú no me quieres acompañar yo lo haré sola.

-Yo voy mamá, yo voy- Exclamaba Ricardito de 10 años quien nunca dejaba ir oportunidad alguna.

-¡Que vas ni que ocho cuartos! Si tienes escuela, este viaje era para tu padre y para mí.

-Bueno, que viajes ni que nada, aquí se acabo todo, no irás a Europa y punto.

-¿¡Que no qué?! Por supuesto que voy, no dejaré ir este premio que me he ganado con tanto esfuerzo…

 

Los niños empezaron a llorar ante ese espectáculo tan inusual nunca visto en la familia y sobre la mesa; mudos se quedaron el pavo relleno, las viandas y el vino, no los pastelillos a los que Carlitos si les hizo los honores…

 

Total que Carmita se fue a Europa y Benito dejó a María de los Ángeles y a Carlitos con su suegra, quien lo regañó, por no ser más enérgico con su mujer. “¡Ya parece que a mi marido yo le iba a salir con una tontería de un viaje como este! A donde vamos a ir a parar con tanta liberalidad….Ahí Dios, en fin cuando regrese yo hablo con mi hija, ya verás como me la pongo y tú mucho cuidado y andes de coscolino, te paso que tengas alguna querida, pero mucho cuidado y descuides a mis nietos y a mi hija, porque ¡te castro cabrón!”

-No se preocupe suegrita yo soy como un santo…

-Que santo ni que la tiznada, todos son iguales…Anda ya vete a trabajar.

 

En su interior Benito sabía que su suegra intuía algo y sin más remordimiento se fue de gira de trabajo a Veracruz a ver a su María de la Luz. Sorpresa que se llevaría el coscolino burócrata al ver a su chica muy tomada de la mano con un marinero al parecer proveniente de un barco ruso y con el que departía alegremente en el malecón del puerto jarocho. Los siguió de lejos y con tristeza vio que efectivamente el barco llevaba una bandera de la otrora Unión Soviética y en lugar de levantar anclas levantaba a su María en brazos al interior del monstruoso barco. ¡Ya me la hicieron comunista! Se lamentaba, y triste deambuló un buen rato por el puerto que le enseñaba la cara de la tristeza y la traición…

 

Como era su costumbre y no siendo amante de las escenas, se fue al Café de la Parroquia a meditar en lo sucedido y pronto sus pensamientos se dirigieron hacia su esposa, su leal y fiel Carmita, quien ya llevaba diez días vacacionando del otro lado del océano Atlántico.

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