Doña Carmita y Don Benito FonafonteValorando a su familia

Capítulo IV

crucero.png En el viaje por el crucero a los ganadores de la compañía para la cual trabajaba Carmita, y como despedida, tras largos recorridos en museos y diversas ciudades europeas; les habían preparado los ejecutivos de la misma y con el fin de emocionar aún más a sus vendedoras estrella; un show para las que iban sin pareja; con bailarines italianos y griegos. Sobra decir que una vez terminado el espectáculo los camarotes de las vendedoras estrella estaban ocupados; por lo que Carmita, desechando a los tres bailarines que se le ofrecieron; se resignó a salir a tomar aire a la cubierta del barco, con una copa en la mano y cosa extraña, un cigarrillo en la otra; respiraba profundo y pensando en su familia y su Benito… “Hay Benito si vieras cuanto te quiero y amo, y sin merecértelo, pero aún te respeto y te sigo dando tu lugar”.

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Capítulo II

fue-nia.png La familia de Carmita era de los Altos de Jalisco y su abuelo había sido activo revolucionario y después, más Cristero que los mismos curas, lo que le valió que la Revolución le hiciera Justicia quitándole cuanto terreno tenía y ya grande optó por emigrar al centro del país, donde le ofrecieron algunas hectáreas por el rumbo de “Las Pirámides” y donde no tuviera tantos problemas, con los que el llamaba herejes de la iglesia, por un amigo muy cercano a la familia que era a su vez primo del Párroco de San Juan Teotihuacan ante quien movió sus influencias, para rescatar al pariente al que llamaba un gran y heroico soldado de Cristo Rey y de quien dijo, sería un digno ejemplo en el pueblo.

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