Amor a Distancia, ¿la renovación del deseo?

…”El hecho que nuestra pareja este a cientos de km de distancia nos lleva a pensar en el engaño o que se perderá el interés y se acabará el amor debido a que no podemos vernos frecuentemente. La distancia no es el problema, el problema se encuentra en cada uno, ya que hay parejas que aunque no estén separadas de todas maneras se engañan, o aun viéndose seguido se aburren”…
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Durante el transcurso de la vida –y en la convivencia matrimonial- suelen presentarse todo tipo de situaciones, algunas fáciles de sobrellevar, otras no tanto y algunas que provocan serias crisis en la persona o en la pareja conyugal. En general las crisis de convivencia en una pareja pueden reproducir como con una lente de aumento los efectos de los problemas personales que provienen de la infancia, y eso es lo que va repercutiendo en las respuestas de nuestras emociones y, por ende, el deseo sexual en el hombre o en la mujer.

Si bien esta es una de las razones por las cuales muchas personas no quieren reincidir en la convivencia o volverse a casar, prefieren un “amor a distancia “ o un “amor con cama afuera”. No siendo la única razón debemos aclarar algunas otras situaciones del amor a distancia como por ejemplo los nuevos horizontes universales tanto laborales como de estudios que puede disponer un sujeto.

La sexualidad (siendo parte importante del amor) es una energía que nos acompaña durante toda la vida. Esa energía nos conecta con el placer de hacer cosas que nos gustan: deportes, paseos, trabajo, hobbies pero también con el deseo de la relación íntima. Sabemos que cuando una persona está en crisis o estresada no puede disfrutar de su sexualidad, ni tampoco logra hacer disfrutar a su pareja. Por lo tanto, la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo) –en esos casos- suele interferirse, al vivir a la distancia cada miembro puede manejar esos incómodos momentos, sin explicación alguna.

La ausencia de deseo es el trastorno sexual más frecuente que resulta del estrés y de algunas crisis, por lo que desparecen “las ganas”. Si, igualmente, la persona se obliga a “cumplir con el débito conyugal”, es probable que aparezca la dificultad para excitarse, la insatisfacción y la frustración, o lo que es peor el engaño.(como se sentencia en el epígrafe)

Entonces, ¿Cómo “renovar” el deseo? ¿Es posible volver a tenerlo?

El tema es no quedarse paralizados y organizar estrategias, tomando clara conciencia de que lo arriba mencionado puede influir negativamente sobre la vida personal y la salud psíquica.

Sin pretender hacer ningún tipo de apología al “amor a distancia” es necesario mencionar que el espacio y el tiempo del encuentro que la pareja determina para volverse a ver tiene que ser un lugar de relax seguro y acogedor, en donde ambos puedan conectarse y nada los perturbe, teniendo solo la “obligación” de entregarse como “efecto de intimidad” en forma total al cuidado de cada uno, y de su partenaire.

En este ámbito se posibilita una vuelta sobre sí mismos, que les permite realizar una disociación (separación) operativa con el mundo externo, y donde resulta esencial que el nivel de comunicación y de acompañamiento sea explícitamente importante para permitir generar un vínculo estable, a pesar de la distancia.

Es así como tanto el hombre como la mujer que consolidan una relación, pero a distancia, pueden hacer que esta perdure en el tiempo pues después de este tipo de encuentros les provoca un estado de renovación personal de las fantasías y deseos, con un estado de ánimo diferente al que tal vez jamás imaginaron tener. Este estado, en algunos casos, es tan pleno, que puede predisponer –incluso- a una decisión conjunta de no tolerancia al alejamiento con la persona amada. .

Pero más allá de decisiones que son indudablemente personales e individuales en cada sujeto hay que dejar muy bien en claro que los sentimientos y las emociones profundas son parte de nuestra herencia como seres humanos y, funcionan como “indicadores” de algo, como “señal de alarma” y siempre debemos estar atentos, pues al reprimirlos significa ignorar lo que esté sucediendo, significa “sufrir” por algo en lugar de buscar solucionarlo y cambiarlo de raíz, en la medida que se posibilite.

Por eso, si sucede que hay algo que percibo como “chueco” –y no lo entiendo, y, no lo puedo digerir- hay que darse oportunidad de consultar a un profesionista para dar cabida a una reflexión profunda y a un debate que nos va a conducir y ayudar a la integración de nuestro ser, fortaleciendo, o no, el vínculo afectivo, pero eso sí siempre apelando a la VERDAD.

 

 

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